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5 de agosto de 2015

Cápitulo 3: A veces cosas malas les suceden a las personas buenas
















CAPÍTULO 3

A veces cosas malas les suceden a las personas buenas

Sábado, 16 de Mayo de 2015, 10:14 am

Cárter se encontraba caminando de un lado al otro todavía intentando asimilar lo que había sucedido en la cocina. Se hallaba tan enojado por lo que había asumido Ambar que él podría llegar a hacer. Aunque Cárter entendía que, la vida de Ambar como prostituta, debió haber sido traumática. No le daba el derecho de pensar que él tendría que “cobrar” la ayuda que le ofreció con algún favor sexual. Se sentía tan impotente, porque muy adentro de Cárter, sabía que Ambar tuvo que haber hecho algo similar para poder vivir.
Algunos minutos después, mientras Cárter estaba acostado en su cama, con el brazo encima de su cabeza, escuchó unos suaves golpes que provenían de la puerta. Cárter sacó el brazo de su cara y miró fijamente a la puerta sabiendo muy bien quien se encontraba del otro lado. Luego, la puerta fue abriéndose lentamente para vislumbrar la cabeza de Ambar.
─ ¿Puedo pasar? ─ pregunta suavemente la chica.
─ Ya estas adentro ─ responde bruscamente Cárter. Sinceramente él no quería sonar así, pero seguía enojado con ella. Ambar hizo una mueca por el tono enojado de Cárter. Esperaba que con su mínima, pero trágica confesión pudiera solucionar las cosas. Ambar se adentra más en la habitación y se para enfrente de la cama, donde Cárter seguía acostado mirándola fijamente.
─ Lo siento, Cárter. No quería tratarte mal. Solo no puedo aceptar que me quieras ayudar sin esperar algo a cambio ─ dice Ambar, mientras agacha la cabeza y juega con los dedos de sus manos.
─ ¿Por qué no puedes creer que quiera ser parte de tu vida? ¿Qué quiera ver el potencial que tenes y que no desperdicies tu vida prostituyéndote? ¿Por qué, Ambar? ─ argumenta Cárter con voz dura. Ella se queda callada unos segundo, luego levanta la cabeza y mira a Cárter. Él puede notar como tiene lagrimas contenidas en sus ojos y eso hizo el que el corazón de Cárter doliera en su pecho.
─ Porque no confió en los policías. Ellos fueron los primeros en aceptar acostarse conmigo a cambio de que mi jefe no lo lleven preso. Gracias a ellos, me usar como un puto objeto sin valor. ─ La voz de Ambar se tornó llena de odio. Cárter abrió los ojos lleno de sorpresa por la confesión de Ambar. ¿Sus colegas? ¿Alguien que él conocía? ¿Quién mierda fue el hijo de puta que le hizo eso a Ambar? Pensaba lleno de cólera Cárter. Este quiso acercarse a Ambar para abrazarla, pero ella dio un paso atrás alejándose de él. ─ Pero yo estaba bien con eso Cárter, yo lo merecía. Lo acepte. Yo nunca dije que no, pero pensé que solo era esa vez. Pero no, ellos volvieron semana tras semana. Casi siempre venían policías nuevos. Luego me entere que eran policías de otros estados, llegaban a San Diego porque yo era la distracción de sus miserables vidas. De sus miserables matrimonios. De su miserable trabajo. De su miserable existencia. Yo me convertí en su puta ─ Ambar se dio vuelta porque no podía ver a los ojos de Cárter y observar que había asco y repulsión hacia ella. Pero lo que no podía ver Ambar es que en los ojos de Cárter solo había comprensión y odio hacia aquellos que le hicieron tanto daño a Ambar. Era solo una adolescente y ellos abusaron de ella. ─ Solo uno venía con frecuencia. Él también estaba casado. Dios lo odiaba ¿Cómo todos ellos les podían hacer eso a sus mujeres? ¿Cómo podía acostarse con una prostituta y luego mirar a su esposa y sus hijos? Me sentía sucia, asquerosa y las drogas fueron mi escape. Uno de esos policías le gustaba drogarse antes de tener sexo, decía que lo volvía más placentero y así empecé a consumirlas. Te nublaba los sentidos y no tenía conciencia de lo que hacía. Era mucho más fácil sobrellevar el momento. ─ al momento de terminar su relato, Ambar se encontraba sumamente vulnerable. Sus ojos se encontraban llenos de lágrimas, pero no dejo que ninguna callera. Ambar odiaba llorar y últimamente lo estaba haciendo con mucha frecuencia. Acordarse de su pasado y encima contárselo a alguien fue muy duro para ella, aunque, por otro lado, se sentía aliviada. Por fin pudo sacarse eso que la atormentaba, pero Ambar sabía que Cárter la iba a odiar, a mirar con asco por todo lo que hizo. Iba a encontrar en su mirada lo que Ambar haya cuando se mira al espejo.
De pronto Ambar siente unas manos en su cintura, y por acción involuntaria Ambar se tensa y te quiere alejar de aquellas manos, pero Cárter le pasa los brazos por la cintura y la retiene en su lugar. Luego siente como Cárter apoya su frente en el hombre y suelta un suspiro.
─ Gracias por compartirme una parte de ti y lo siento. Lo siento tanto, Ambar. Debió ser horrible lo que viviste. De cómo te sentiste. Te prometo que no vas a vivir nunca más eso. Voy a cuidar de ti, te voy a proteger. Yo no soy como ellos, debes creerme. No sé por qué piensas que mereces todo lo que te pasa, sé que con el tiempo me lo vas a contar. Pero quiero que sepas que no te mereces todo lo que viviste. Eres especial Ambar, solo que tu no lo ves todavía. Con el tiempo lo vas a hacer. ─ Cárter da vuelta a Ambar lentamente hasta que quedan cara a cara. Él inspecciona todo su rostro. Ella era realmente hermosa, sus ojos azules brillaban por las lágrimas que nunca dejo que se derramaran por sus blancas mejillas. Cárter alzo una mano y la pasó por su mejilla donde se encontraba el horrible moretón, luego la fue bajando por su barbilla hasta llegar hasta su otra mejilla, subió su mano por la frente y descendió por su nariz hasta llegar a sus labios. Se quedó un momento ahí  ─ Eres tan fuerte, Ambar. Una mujer luchadora ─ le dice a Ambar. Cárter pasa ambas manos detrás del cuello de Ambar y se agacha para besar la frente de Ambar, luego la besa en ambas mejillas. ─ A veces cosas malas le suceden a las personas buenas ─ comenta Cárter, luego envuelve los brazos alrededor de la delicada cintura de Ambar y la tira contra su cuerpo y así la cabeza la muchacha quedara acostada en su pecho. Ambar tímidamente pasa los brazos alrededor de los hombros de Cárter y lo abraza como él está haciendo con ella. Ambar se encontraba totalmente sorprendida con el comportamiento de Cárter. Ella nunca hubiera creído que él diría todo lo que dijo de ella y menos que la tratara con tanta dulzura como lo estaba haciendo. Él la estaba consolando, hacía mucho que nadie se preocupaba por Ambar y eso la hizo sentir muy bien.
Se quedaron unos minutos abrazados, ambos sintiendo al otro hasta que el timbre de la puerta principal los sacó de su burbuja. Ambos desenredaron los brazos que tenían alrededor del otro y se miraron fijamente.
─ Debe ser mi hermana ─ comenta Cárter.
─ Debes ir a abrirle la puerta ─ Cárter le sonríe.
─ Si, tengo que hacerlo ¿no? ─ Luego se abandona la habitación y Ambar se queda unos segundos para poder recomponerse de todo lo que sucedió.
Cuando Ambar decide que ya está estable, decide bajar. Cuando llega donde se encuentra la puerta principal Ambar ve a una mujer saltar encima de Carter para abrazarlo y suelta un chillido que Ambar se tuvó que tapar los oídos por el dolor que le causo. Después de unos segundos, la mujer suelta a Cárter. Es alta, pero creo que eso se le atribuye a los tacos de 10 cm que tiene. Tiene el pelo rubio lacio que le llega hasta los hombros. Sus ojos son de un azul muy llamativo. Es muy linda. Lleva puestos unos jeans negros ajustados y una remera roja ajustada que le resaltan los pechos. “¿Ella es la hermana de Cárter? Linda forma de visitar así vestida a su hermano.”  Piensa Ambar.
Cuando la mujer finalmente se da cuenta que Ambar está parada detrás de Carter, la mira de arriba a abajo y hace una mueca de desprecio. Ambar percibe la altanería de la chica y se cruza de brazos y la mira sonriendo falsamente.
─ Ámbar te presento a mi hermana Cassandra ─ dice Carter, después de alejarse algunos pasos. Ella ríe tontamente.
─  En realidad no soy la hermana, soy la hermanastra. Mi mamá se casó con su papá ─ dice sonriendo con superioridad y alza la mano para que la estreche. Ambar se queda mirando a sus uñas pintadas completamente perfectas.
─ Aja, muy interesante ─  Ambar todavía sigue con los brazos cruzados. Cassandra deja caer la mano y agarra la correa de su cartera. Y se da vuelta a mirar a Cárter mientras le toca el brazo de arriba abajo. Por su parte, Ambar quería agarrar su teñido pelo rubio y alejarla se Cárter.
─ ¿Eri, vamos a ir a comer? ─ pregunta melosamente Cassandra.
─ ¿Eri? ─ pregunta Ambar sin poder contenerse. Le había llamado la atención que no lo llamara Cárter.
─ Mi nombre de pila es Eric, pero Cassandra sabe que odio ser llamado así ─ dice mirando enojado a su hermanastra.
─ Odio llamarte Cárter, es tu apellido. ─
─ Acostúmbrate. Y no, no podemos ir a comer. Tengo que ir a trabajar ─
─ ¿Y para que me llamaste para que vinera? ─ Cassandra hace un puchero por no poder pasar el tiempo con Cárter. Ambar la mira alzando una ceja por el comportamiento tan de niña que tuvo.
─ Te llame para que acompañes a Ambar a comprar ropa. Sé que es tu especialidad ─ comenta Cárter.
─ ¿En serio? Pensé que íbamos a pasar tiempo juntos. Hace mucho que no lo hacemos ─
─ Te prometo que un día lo hacemos. Estuve muy ocupado con el trabajo. ─ Ambar se sentía un poco entrometida en esos momentos, pero no se iba a ir para dejar a solas a Cárter con su “hermana”. ─ Ahora, Ambar toma esto ─ y le tiende una tarjeta Visa y Ambar la agarra media dudosa. ─ Gasta lo que quieras ¿Si? No te preocupes por eso. ─ Luego Ambar le tendría que preguntar a Cárter como es que tenía tanta plata con su trabajo de policía.
─ Cárter, no creo que sea…─ pero él la interrumpe antes de terminar la oración.
─ Está bien ¿Okey? No discutas, Ambar. ─ le da una mirada que le decía que no iba a entrar en discusión. Ambar solo da un suspiro y se queda callada. ─  Bueno chicas, me tengo que ir a trabajar. Que la pasen bien ─  se acerca a Ambar y le pasa un brazo por la cintura y la acerca para darle un beso en la mejilla. Sin poder evitarlo, Ambar le sonríe débilmente. Cuando la suelta, se acerca a su hermana, la saluda, para luego salir por la puerta con un simple: hasta la noche.
Las dos chicas se quedan solas, ambas se miran fijamente a los ojos. Hasta que Cassandra rompe el silencio.
─ Aléjate de él ─ dice con determinación Cassandra. Ambar se la queda mirando pensando que ese tipo de comportamiento no era de una hermana. Ella sabía que Cassandra no veía a Cárter como parte de su familia.
─ ¿De quién estamos hablando? ─ pregunta con burla Ambar. La ira se notaba en los ojos de Cassandra.
─ De Cárter, zorra. Él no merece a una buena para nada. Él es mucho hombre para ti, niña ─
─ Wow la hermanita de Cárter está enamorada de él. Eso es un poco asqueroso ¿Sabes? Y es incesto ─  la voz de Ambar denotaba diversión. Más aun cuando ve la cara roja de Cassandra.
─ No es mi hermano. Su mamá se casó con mi papá. No tenemos la misma sangre ─ grita histérica Cassandra. Luego, Cassandra mira determinadamente a Ambar y se da cuenta que la ropa que está usando la conoce. ─ ¿Esa es mi ropa, maldita ladrona? ─ sigue gritando
─ Cálmate fiera. Cárter me la dio anoche. ─ Contesta Ambar mientras se acercaba a Cassandra para susurrarle al oído ─ Es que mi ropa quedó hecha jirones. Tú sabes por qué ─ se aleja de Cassandra y luego Ambar le guiña un ojo. La hermanastra de Cárter pega un grito muy agudo que le hizo doler el tímpano a Ambar y seguidamente se va hecha una furia de la casa para subir al auto y cerrar la puerta de con un fuerte ruido.
─ Qué estas esperando. Sube al puto auto, desgraciada ─ grita desde el vehículo Cassandra. Ambar con mucha diversión cierra la puerta sutilmente de la casa y mira detenidamente el auto donde se encontraba Cassandra.
─ Oh esto va a ser muy divertido ─ susurra para sí misma para luego caminar hasta el hermoso Audi rojo.

***

Cárter entra a la comisaria donde trabaja, ya que su jefe le había mandado un mensaje diciendo que tenía nueva información de un caso. Saluda a la recepcionista y sigue caminando hasta la oficina de su superior. Antes de entrar toca la puerta, recién cuando escucha el “Adelante” se su jefe, abre la puerta.
 Brian Houston se encontraba sentado detrás de su enorme escritorio revisando algunos papeles. El Sr. Houston es amigo del padre de Cárter, que este último también era policía, pero sus días de gloria ya acabaron hace 6 meses con su retiro definitivo. Brian tenía alrededor de 50 años, pero se encontraba de muy buena forma para su edad y el cabello todavía lo tenía intacto y corto en su cabeza. Era un hombre duro y muy justo y Cárter sentía una gran admiración por él.
─ ¿Me mandó a llamar, Señor? ─ pregunta cortésmente Cárter.
─ Si, Cárter. Pasa y toma asiento. ─ responde Houston mientras saca dos carpetas del cajón de su escritorio. Y luego mira seriamente a Cárter. ─ Encontramos nuevos rastros sobre Méndez y su banda de narcotraficantes  ─ antes esas palabras, Cárter se sentó recto en la silla. La banda de los Méndez son unos narcotraficantes que la policía está intentando atrapar desde hace varios años. Ellos siempre, de una forma u otra, salen libres después de un rato en la prisión, ya que, hasta el momento, no han encontrado nada contundente para que todos caigan un buen tiempo en la cárcel. El problema desde hace varios meses es que ya no se sabe dónde localizarlos. Era una banda astuta que nunca se encontraban dos veces en un mismo lugar y eso hacía que complicara a la policía en localizarlos.
─ ¿Dónde los encontraron, señor? ─ pregunta Cárter. Houston no dice nada, solo le pasa una carpeta. Cárter abre la carpeta y encuentra adentro varias fotos. En ellas salía el líder Méndez corriendo detrás de alguien, aunque no se notaba muy bien su cara. Cárter sigue pasando las fotos y las imágenes se van tornando más claras. Hasta que en una se observa perfectamente la cara del narcotraficante. En otra imagen sale una chica, que no se le llega a notar la cara por la oscuridad, pero es una chica rubia. Esta chica la está persiguiendo Méndez. ─ ¿Cómo consiguieron estas fotos? ─ 
─ De la cámara de seguridad de un parque. De un parque que se encontraba a varias cuadras de tu domicilio. ─ esa declaración hizo sorprender a Cárter. ¿Méndez se ocultaba cerca la casa de un policía? Pensaba Cárter.
─ Muy astuto de su parte. Esconderse donde menos lo van a buscar. ─ Cárter observa como su superior asiente con la cabeza dándole de entender que a él tampoco se le hubiera ocurrido semejante idea. ─ La chica que sale en la foto ¿Se sabe quién es? ─ ella podría ser la clave para encontrar por fin a Méndez. La mirada del jefe de Cárter se volvió sombría.
─ No, no sabemos quién es. Inmediatamente cuando nos enviaron el video y las fotos de Méndez, llevamos todo a analizar. Gracias a eso pudimos confirmar que era Méndez y también pudimos detectar mejor la cara de la chica  ─ Houston mueve la otra carpeta que había sacado y posa una mano encima. ─ Cárter, esta chica que no debe de tener más de 20 años. No tuvo ninguna infracción en su vida, ya que el sistema de reconocimiento facial no la detectó. Por lo que muestra las fotos, se puede ver que es una prostituta. Seguramente habrá escuchado algo en todo el tiempo que pasó con él. Hay que encontrarla, para meter a Méndez y a todos los que estuvieron participaron a la cárcel de manera definitiva ─
Cuando Houston deja de hablar, levanta la mano de la carpeta y la mueve hasta que Cárter puede alcanzarla. Tranquilamente, Cárter abre la carpeta para saber quién es la misteriosa chica. Al abrir la carpeta sus ojos se abren de la sorpresa. “No puede ser“. Pensaba Cárter. Houston al ver la reacción que tuvo Cárter le pareció sospechoso y le preguntó.
─ ¿La conoces, Cárter? ─ El superior de Cárter lo miraba fijamente. Cárter se debatía si decir la verdad o mentir. 

─ No, no la conozco, señor. Solo me sorprendió lo joven que era ─ mintió Cárter. Él no podía decir la verdad. Le había prometido que la iba a proteger. No le podía decir que a su jefe que la chica que salía en la fotos se encontraba viviendo en su casa. Cárter no podía decir que esa chica, que tenía alguna relación con Méndez, era Ambar.

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